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El mensaje del cónsul y la coherencia

Por Juan Lizardo M.

La reacción más comentada, como debía ser, luego de la decisión del gobierno dominicano de establecer relaciones comerciales y diplomáticas con el gobierno de la república Popular China, ha sido la del gobierno de los Estados Unidos.

Washington, utilizando como heraldo al encargado de negocios de su embajada en Santo Domingo, expresó en visita hecha a la sede del despacho presidencial su preocupación por el paso dado por el gobierno dominicano, destacando dos aspectos fundamentales: el medio ambiente y asuntos laborales.

El diplomático estadounidense calificó de inoportuna la ruptura de relaciones con Taiwán porque, a su juicio, provoca desequilibrio geopolítico en esa región del continente asiático.

La posición de Estados Unidos es coherente. Es la reiteración de la tesis sintetizada en el postulado “América para los americanos” y de la doctrina del “destino Manifiesto”.

En su expansión, Estados Unidos han utilizado de manera exitosa diversas tácticas para lograr su objetivo estratégico; estas van desde el uso de la fuerza de manera violenta hasta la sutileza, apoyados en la fuerza, de los tratados, acuerdos políticos y comerciales. Así perdió México el 50% de su territorio y así nació el canal de panamá. Ejemplos existen, en gran cantidad, para ilustrar el proceso de conquistas y ejercicio de dominio absoluto en la región.

La grandeza de Estados unidos desde su nacimiento, ha sido fundamentada en el respeto de sus instituciones, la continuidad de sus políticas, la lucha sin cuartel por la consecución de sus propósitos venciendo todo obstáculos y barreras; la emulación de las acciones de sus grandes héroes políticos, como Theodor Roosevelt y su política del Gran garrote (Big Stick), fiel continuador e impulsor de la política expansionista norteamericana.

Estados Unidos es grande y poderoso porque ha dado confianza a sus ciudadanos. Donde quiera que estén, no importa el lugar, responden por cada uno de ellos. ¡Que orgullo ser norteamericano!

Mi admiración por los Estados Unidos es inmensa. Me maravilla saber que cuando un soldado norteamericano sale a imponer los designios de su gran nación, todo el aparato del país marcha con él. Por eso sus marines, los que invadieron Republica Dominicana en 1916 y 1965, han logrado acciones en defensa de su bandera que entusiasma al más indiferente. Yo, de manera particular, me emociono al mirar en esa imagen de la batalla de iwoo jima la bravura de los marines alzando su bandera y lloro cuando veo la película Salvando al soldado Ryan. ¡Qué gran Nación!

Cuando triunfó la revolución cubana, la revolución se mantuvo, pero los misiles, los que generaron la crisis de octubre, hubo que sacarlos. En mi región no, diría Kennedy.

Cuando la revolución de abril de 1965, por el retorno del profesor Juan Bosch y la Constitución del 63, ni una cosa ni la otra: retornó el Dr. Balaguer. Porque así lo decidió Lyndon Johnson.

Cuando en Granada, Maurice Bishop intento hacer él y los granadinos algo diferente, llegó el presidente Ronald Reagan y paró el proceso descargando todo el poder norteamericano con “furia urgente”.

Inaceptable para Estados Unidos lo que contradiga su dominio.

El enojo contenido en el edicto leído por el encargado de negocios estadounidense al gobierno dominicano, en el mismo palacio presidencial, se inscribe dentro de este coherente comportamiento.

Eso se llama imponer el respeto, no importa que sea calificado de abuso, “porque lo importante es defender los intereses de la gran nación”.

A Estados Unidos no le importa en lo absoluto la repercusión que pueda tener el acuerdo domínico-chino en el medio ambiente, asuntos laborales y equilibrio geopolítico en la región de Asia. Le preocupa el expansionismo chino en áreas bajo su influencia. Por eso el memorándum de advertencia al gobierno dominicano.

Desde la antigüedad los imperios han actuado así, han trazado líneas de acción y directrices a los países bajo sus dominios; por lo que esta ocurrencia no es novedosa, sino, una reiteración de actitudes de la cual la historia está llena de episodios de esa naturaleza.

Ha sido así desde la aparición del imperio Acadio, hasta el surgimiento de los Estados Unidos de Norteamérica.

Los dominicanos no debemos sorprendernos con esta práctica del gobierno estadounidense.

¿Cuál debe ser la reacción de los dominicanos ante este hecho de ejercicio de soberanía y la reprimenda del heraldo actuando en condición de procónsul?

Estar atento a la respuesta del gobierno dominicano. El gobierno tiene dos caminos: arriar la bandera o enhestarla en el mástil más alto.

Coherente con Santana o con Luperón.

*El autor es ingeniero civil

 

Acerca de Juan Lizardo Mezquita

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