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El Padre Rogelio Cruz

Por:  Paulino Antonio Reynoso (Toño)

En el 1990, después de mi regreso de Europa, junto con dos sacerdotes más tuvimos la idea de fundar el “Grupo de Sacerdotes en Reflexión”, el cual se convertiría en lo que hoy se llama “Dom Helder Cámara”.

Como siempre, ahí estaba presente el Padre Rogelio. Su presencia le inyectaba al grupo mucho vigor, entusiasmo, espíritu solidario y compromiso evangélico.

¿Quién de nuestras iglesias, de nuestras organizaciones sociales y políticas y del país en general tiene el coraje, la energía, la determinación y la inquebrantable decisión de servirle a los más necesitados como lo hace el Padre Rogelio?

Me apena profundamente la situación por la que él y su Congregación, los hermanos Salesianos, atraviesan.

Pocas veces habíamos visto un espectáculo tan feo y tan poco evangélico como el que estamos presenciando. Es costumbre nuestra ver a politicos y a otros sectores peleándose públicamente, pero la verdad que no estamos acostumbrados a ver curas peleándose en los medios de comunicación.

¿Es justo que una persona que entregue su vida a los más pobres y despreciados por esta injusta sociedad, como lo ha hecho nuestro querido hermano Rogelio, sea tratado de esta manera?

¿Cómo es posible que  hombres que tienen  una sólida formación humana, espiritual  y académica y con una inteligencia emocional equilibrada, como sabemos tienen los principales coordinadores de la congregación salesiana, permitieran que este conflicto llegara al nivel que ha llegado?

Por mi condición de católico, por las buenas relaciones que sigo teniendo con los principales líderes de la Iglesia Católica y mi aprecio especial al Padre Rogelio, desde el momento que este caso comenzó a sonar en los medios de comunicación me preocupó y en consecuencia actué.

Al igual que el destacado comunicador de la Z.101, mi amigo Alvaro Alvelo Hijo, yo era de la  idea de que el Padre Rogelio debía irse sin problemas a  un curso de formación a Medellín, Colombia.

 Esa misma experiencia tuve yo en el 1984 cuando a causa de un conflicto con un empresario, el cual con toda razón   acusé de violar a una joven en el municipio de La Vega, para calmar la situación mi Obispo me pidió fuera por dos meses a un curso sobre Pastoral Familiar. Aunque en contra de mi voluntad me fuí a Medellín y todo fue un éxito.

Pero lo mínimo que esto supone es que de ambas partes haya una buena voluntad. Parece que eso no está ocuriendo con mi amigo el Padre Francisco Batista (Pancho). La impresión que hay es que este conflicto ha llegado a este nivel fruto de un mal manejo para una sabia solución.

Cuando estuve en República Dominicana hace unas semanas hablé personalmente con una importante autoridad de la Iglesia Católica y le advertí lo que podría ocurrir con el Padre Rogelio. Ya yo conocía lo que se estaba preparando.

De igual manera, junto con otro amigo, hice gestión directa con un Obispo amigo para que mediara en el caso y ofreciera alguna solución.

Del mismo modo llamé al Padre Rogelio y le dejé algunos mensajes para ver su disposición, pero él me contestó que estaba muy ocupado en New York. No se pudo hacer nada.

Mi recomendación es que una autoridad salesiana o de la Iglesia Católica intervenga urgentemente para recoger la sangre ya esparcida y evitar que el conflicto siga hiriendo y haciéndole más daño a todos los protagonistas.

Es inconcebible que, siendo el Evangelio el guía de todos los involucrados en el conflicto, sea el Diablo que esté dirigiendo los debates.

El autor es escritor y ex-candidato presidencial dominicano.

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