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El tocón de Agustín

Por Clemente Terrero

Un tocón, como se conoce en el lenguaje campesino, es el tronco de un árbol que ha sido talado próximo a la superficie de la tierra donde está sembrado. El tronco es la porción más compacta y resistente de los árboles, de donde salen todas sus ramas.

Hago esta explicación porque desde que era un niño escuchaba a los adultos responder con mucho orgullo, cuando se les preguntaba que cómo estaban: Yo estoy como el tocón de Agustín.

Era una expresión muy sonora y jocosa, la escuchamos muchísimas veces durante casi todo el proceso de nuestro desarrollo físico y mental, en el período de la adolescencia. Podemos decir que crecimos escuchando la misma.

Creo que Agustín debió ser un campesino, oriundo de Juan Esteban, un municipio rural de Barahona, donde nació mi abuelo Joaquín Terrero, un señor muy enredao’, como dicen popularmente, pero muy cariñoso con sus nietos, con él vivimos momentos felices durante nuestra niñez.

Como campesino que era, pensamos que la principal actividad de Don Agustín era talar árboles y preparar el terreno para la siembra, lo imagino un campesino pobre, con muchas precariedades, dedicado a cultivar la tierra donde se lo permitiera la naturaleza.

No puedo imaginarme a Don Agustín, dueño de inmensas extensiones de tierra, contratando trabajadores agrícolas en condiciones de explotación, para tener muchas cosechas, venderlas en el mercado, obtener grandes ganancias para acumular dinero y hacerse rico. En esos tiempos los campesinos no tenían esa mentalidad.

Los campesinos dominicanos eran gente muy humilde, que vivían con orgullo de la cosecha de sus siembras, eran personas muy honestas y trabajadoras, no tenían esas ambiciones económicas que se exhibe hoy, por eso pienso que Don Agustín sembraba la tierra principalmente para alimentar a su familia.

Pero volviendo a la parte inicial, que le dio origen a este artículo, que fue mi inquietud de querer saber porque los viejos de esa época, cuando se le preguntaba que cómo se sentían, respondían con mucha seguridad: yo estoy como el tocón de Agustín.

Es posible que ese tocón fuera el tronco de un árbol que Don Agustín había cortado y que después usaba para sentarse a descansar cuando terminaba su jornada de trabajo en el campo.

Pero la curiosidad me embargaba, así que un día me puse a pensar muy seriamente sobre qué era lo que querían decir los campesinos con esa frase tan pegajosa, que había adquirido tanta notoriedad.

Ese día, llegué a la firme conclusión de que los campesinos lo que querían decir es, que era un tronco grande, fuerte, firme y duro, que siempre estaba parao’. Yo estoy como el Tocón de Agustín.

 

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