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La plazoleta La Trinitaria

Por Juan Lizardo Mézquita*

En acto celebrado el pasado día 22 de mayo, la Alcaldía del Distrito Nacional dio inicio a la restauración del monumento ubicado en lo que se conoce como plazoleta La Trinitaria.

La obra construida durante el periodo de “los 12 años” de Joaquín Balaguer, ha resistido el paso del tiempo y las intervenciones que alteraron su concepción original.

Es una solución urbanística que incluye parques, monumentos, edificios de apartamentos y avenidas que dan acceso al centro de la ciudad capital a los usuarios procedentes de la margen oriental del rio Ozama.

Este monumento se erigía orgulloso y daba la bienvenida y despedía a los transeúntes del puente Juan Pablo Duarte y desde el 2001 a los del puente Prof. Juan Bosch. Dos plataformas, paralelas, que permiten el tráfico en la dirección Este – Oeste en ambos sentidos.

Tres elementos importantes coinciden en este espacio: el Puente Juan Pablo Duarte, la plazoleta La Trinitaria y el inicio de la avenida 27 de febrero.

En su momento de mayor esplendor la plazoleta fue frecuentada por personas de diversas edades de manera asidua; escenario de actividades culturales, de recreación e incluso de concentraciones políticas y religiosas. Ir a la “fuente”, era en su momento una opción ventajosa para la distracción de los moradores de María Auxiliadora, Villa francisca, Mejoramiento Social, Guachupita y otros sectores de la zona.

“La fuente” fue el sobrenombre popular que se le dio al lugar y a su monumento. Esto se debió a que en su concepción arquitectónica original, la estructura consistía en una pequeña área a desnivel a la que se daba acceso a través de una escalera de hormigón con la que se vencía un foso perimetral, de la cual brotaban chorros de agua en permanente movimiento que llenaban de frescor el ambiente y le daban un atractivo a la solemnidad con la que se erigen los tres elementos verticales que definen la obra, y que reafirman la gallardía y altivez de la misión histórica que  honra y sirve de recordatorio permanente.

La desidia, el desinterés, la irresponsabilidad de autoridades y, sobre todo, la ignorancia y falta de educación de los ciudadanos, la llevó al abandono y permitió el deterioro constante y progresivo de la importante obra, convirtiéndose en albergue de marginados sociales, dando paso a prácticas obscenas, prostitución, consumo de drogas; refugio de personas sin hogares conviviendo en ambiente promiscuo, en el que la generación y acumulación de basuras fueron conformando el hábitat perfecto para la aparición y multiplicación de ratas e insectos y la pestilencia e insalubridad que esto conlleva.

El esplendor de este importante monumento terminó sumido en la oscuridad y se convirtió en zona de peligro para los transeúntes. La plaza La Trinitaria se degradó en monumento desprestigiado, rechazado por la ciudadanía, alcanzando el grado de vergüenza indigno de los próceres que pretendía honrar.

Con el desconocimiento y la ignorancia del significado y valor de los monumentos, se va difuminando la identidad nacional. Así llega la decepción y se va acumulando el desinterés.

La plazoleta fue construida con el noble propósito de honrar esa importante organización: La Trinitaria, que sirvió como ente aglutinador de los patriotas que creyeron posible la creación de una nación libre, soberana e independiente. La obra pretende recordar la labor de Juan isidro Pérez, Pedro Alejandro Pina, Félix María Ruiz, Benito Gonzales, Juan Nepomuceno Ravelo, Felipe alfau, José María Serra, Jacinto de La Concha y a su líder: Juan Pablo Duarte. La Trinitaria fue fundada en la casa de Josefa Pérez, el 16 de julio de 1838. Cuatro años después nacería la República Dominicana.

Desde el punto de vista del ornato es una acción valiosa y plausible, pero su importancia transciende, va más allá de recuperar el esplendor perdido. Los turistas deben encontrar espacios seguros y limpios, los moradores del Distrito Nacional y dominicanos en general también. Pero si limitamos el alcance del proyecto hasta ahí, seguirá pendiente la tarea.

La rehabilitación de este monumento guarda una gran significación histórica: el rescate del valor que para el pueblo dominicano tiene La Trinitaria. La recuperación de los espacios públicos es una acción que debe comprometer a la nación. Por eso valoramos y consideramos importante el que en el remozamiento de la plaza se involucre al Ministerio de Cultura y a la Comisión Permanente de Efemérides Patria; en tanto el alcance del proyecto debe ir mas allá de la labor pura de ingeniería y arquitectura.

Dicho esfuerzo deberá ser acompañado de un compromiso para que la plazoleta sea instrumento que permita el conocimiento del acontecimiento histórico que dio su origen, convirtiéndola en espacio de divulgación del significado de La Trinitaria para nuestra existencia como nación, con un programa de actividades que concite el interés de los estudiantes, maestros y pueblo en general, por conocer los acontecimientos que nos definieron, y aun nos definen, como pueblo. Debemos alcanzar la meta y, en ese mismo tenor, no desmayar en el propósito de que las calles Pedro Alejandro Pina, Benito Gonzales y Juan Nepomuceno Ravelo no sigan siendo “La Pina”, “La Benito”, Y “La Ravelo”, respectivamente, usadas con desinterés y con la ingenuidad que provoca la ignorancia de la generalidad de los dominicanos.

Vivimos un momento histórico en el que, para algunos (afortunadamente los menos), las palabras patria y patriota tienen un sonido que provoca urticaria y ojeriza; quisieran que no existiera el vocablo, tal parece que renegaran de ellos, esto unido a la ignorancia del pueblo puede convertirse en jarabe que impida el arraigo e identidad como nación, y no podemos permitirlo con la indiferencia.

La tarea es grande y difícil.

Recuperemos, a profundidad, la plaza La Trinitaria, desde el punto de vista del ornato, así como del significado histórico. ¡Es una parte de la tarea… adelante!

*El autor es ingeniero civil

 

 

 

Acerca de Juan Lizardo Mezquita

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