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Si quiere saber cómo será un lugar manejado con criptomonedas, mire a Puerto Rico

Por Nellie Bowles

Llaman Puertopia a lo que están construyendo. Alguien les ha dicho, aparentemente con toda seriedad, que en latín eso quiere decir “el patio de juegos del niño eterno”. Así que están cambiando el nombre: lo llaman Sol.

Decenas de empresarios, recientemente enriquecidos por las cadenas de bloques (blockchain) y criptomonedas, están dirigiéndose en masa a Puerto Rico este invierno. Están vendiendo sus casas en California y estableciendo su residencia en la isla caribeña con la esperanza de evitar lo que perciben como onerosos impuestos estatales y federales a sus crecientes fortunas, algunas de las cuales alcanzan los miles de millones de dólares.

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Estos hombres, porque son casi exclusivamente hombres, tienen un plan de qué hacer con la riqueza: quieren construir una criptoutopía, una nueva ciudad donde el dinero sea virtual y los contratos sean todos públicos, para mostrarle a todo el mundo cómo sería el criptofuturo. Las cadenas de bloques, un registro virtual que forma la base de las monedas virtuales, tiene el potencial de reinventar a la sociedad… y los puertopianos quieren demostrarlo.

Durante más de un año, los empresarios han estado buscando la mejor ubicación. Después de que el huracán María diezmó la infraestructura de Puerto Rico en septiembre y el precio de las criptomonedas comenzó a elevarse, vieron una oportunidad y tuvieron una sensación de urgencia.

Así que esta criptocomunidad llegó aquí en bandada para crear su paraíso. Ahora los inversionistas pasan los días cazando propiedades donde puedan tener sus propios aeropuertos y muelles. Se están apropiando de hoteles y un museo en la parte histórica de la capital, llamada el Viejo San Juan. Dicen que están cerca de conseguir que el gobierno local les permita tener el primer banco de criptomonedas.

“Lo que sucedió aquí es una tormenta perfecta”, dijo Halsey Minor, fundador del sitio de noticias CNET, que está mudando su nueva empresa de cadenas de bloques —llamada Videocoin— de las islas Caimán a Puerto Rico este invierno. Refiriéndose tanto al huracán María como al subsiguiente interés de los inversionistas, añadió: “Aun cuando fue muy malo para el pueblo puertorriqueño, a la larga es un regalo del cielo si la gente ve más allá de eso”.

Puerto Rico ofrece un incentivo fiscal inigualable: no hay impuestos federales por ingresos personales, no hay impuestos sobre las ganancias de capital y hay impuestos que favorecen a los negocios, todo sin tener que renunciar a la ciudadanía estadounidense. Por ahora, el gobierno local parece recibir con agrado a los criptoutópicos; el gobernador hablará en su cumbre sobre cadenas de bloques, llamada Puerto Crypto, en marzo.

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Los recién llegados aún debaten la forma exacta que debería tener Puertopia. Algunos piensan que deberían construir una ciudad, otros que basta con mudarse al Viejo San Juan. Los puertopianos dicen que de cualquier manera esperan movilizarse con gran rapidez.

“Nunca han visto a ninguna industria ser el catalizador de un lugar como lo verán ahora”, dijo Minor.

El Monasterio

Hasta que encuentren su territorio, los puertopianos han llegado a Monastery Art Suites, un hotel de 1860 metros cuadrados que rentaron como base.

Matt Clemenson y Stephen Morris tomaban cerveza en la azotea una noche hace poco. Clemenson tenía una apariencia relajada y traía lentes oscuros estilo aviador de dos colores; Morris, un inglés parlanchín, usaba bermudas y botas de militar con agujetas, y traía colgado un teléfono inteligente de un collar. Querían dejar dos cosas en claro: escogieron Puerto Rico por el huracán y están ahí en son de paz.

“Solo cuando todo ha sido arrasado puedes argumentar a favor de reconstruir por completo”, dijo Morris, de 53 años.

Clemenson, de 34, cofundador de Lottery.com, que usa cadenas de bloques en las loterías, dijo: “Somos capitalistas benevolentes que construyen una economía benevolente. Puerto Rico es una joya escondida; esta isla encantada ha sido desdeñada y maltratada de manera continua. Quizá 500 años después podamos hacerlo bien”.

Otros puertopianos llegaron a la azotea en manada, de regreso de una gira de todo el día en autobús para buscar propiedades. De en medio surgió Brock Pierce, de 37 años, líder del movimiento de Puertopia, vistiendo pantalones capri bombachos, un chaleco negro que casi le llegaba a las rodillas y un sombrero grande de fieltro negro. Él y otros llegaron a la isla a principios de diciembre.

“Compasión, respeto, transparencia financiera”, dijo Pierce cuando se le preguntó qué los llevaba ahí.

Pierce, director de la Bitcoin Foundation, es una figura señera en el auge de las criptomonedas. Cofundó una empresa emergente de cadenas de bloques para negocios, Block.One, que ha vendido cerca de 200 millones de dólares de una moneda virtual a la medida, EOS, en una “oferta inicial de moneda”. El valor de todos los tokens EOS destacados es de cerca de 6500 millones de dólares.

Pierce, quien fue actor infantil, entró al dinero digital desde su etapa inicial como jugador de video juegos profesional, minando y comerciando oro en el video juego “World of Warcraft”, financiado parcialmente por Stephen Bannon, el exasesor de Trump. Pierce es una figura controvertida: ya lo han demandado por fraude.

Pierce caminó por la sala con las manos cerradas en puño. Unas cuantas veces al día, le enseñó al grupo un video en su teléfono con una bocina portátil: “The Great Dictator”, realizado por Charlie Chaplin en 1940, en el cual parodia a Hitler arengando a sus fuerzas. Encuentra inspiración en frases como “Más que maquinaria, necesitamos humanidad”.

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“Me preocupa que la gente malinterprete nuestras acciones”, dijo Pierce. “Que solo venimos a Puerto Rico para evadir impuestos”.

Dijo que su objetivo es crear un token de caridad llamado ONE, con 1000 millones de dólares de su propia bolsa. “Si quitas las letras MY de la palabra en inglés para dinero, money, queda ONE”, dijo Pierce.

Kai Nygard, heredero de la empresa de ropa canadiense Nygard e inversionista de criptomonedas, dijo: “Está sintonizado a un propósito más elevado. Está más allá del dinero”.

The Vanderbilt

Los días de trabajo son informales en Puertopia. Una mañana, Bryan Larking, de 39 años, y Reeve Collins, de 42, estaban trabajando en otro viejo hotel, el Condado Vanderbilt, donde tenían sus computadoras portátiles sobre la barra de la piscina, e incesantes piñas coladas.

“Haremos la criptolandia”, dijo Larkin.

Larkin ha minado cerca de 2000 millones de dólares en bitcoines y es el director ejecutivo de tecnología en Blockchain Industries, una empresa que cotiza en bolsa, con sede en Puerto Rico.

Collins ha obtenido más de 20 millones de dólares de una oferta inicial de moneda de BockV, su tienda de aplicaciones para la cadena de bloques, cuyos tokens destacados tienen un valor de cerca de 125 millones de dólares. También fue cofundador de Tether, que respalda criptomonedas vinculadas con el valor del dólar y cuyos tokens destacados tienen un valor de aproximadamente 2100 millones de dólares, aunque la empresa ha generado una gran controversia en el mundo de las monedas virtuales.

“Así que no, no, no quiero pagar impuestos”, dijo Collins. “Es la primera vez en la historia de la humanidad en que alguien que no es un rey ni el gobierno ni un dios puede crear su propio dinero”.

¿Bienvenidos, puertopians?

Por todo San Juan, muchos lugareños tratan de descubrir qué hacer con las criptollegadas.

Algunos están abiertos a la nueva ola, que ven como un influjo bienvenido de inversiones e ideas.

“Estamos abiertos a los criptonegocios”, dijo Erika Medina-Vecchini, directora de desarrollo de negocios del Departamento de Comercio y Desarrollo Económico. Dijo que su oficina está comenzando una campaña de anuncios dirigido al nuevo auge de criptoexpatriados, con el eslogan “Paradise Performs” [“El paraíso rinde frutos”].

A otros les preocupa que la isla esté siendo usada para un experimento y hablan sobre el “criptocolonialismo”. En una fiesta en una casa de San Juan, Richard Lopez, de 32 años, quien dirige un restaurante de pizzas llamado Estella en el pueblo de Arecibo, dijo: “Creo que es genial. Atráelos con los impuestos, y gastarán dinero”.

Andria Satz, de 33 años, quien creció en el Viejo San Juan y trabaja para el Fideicomiso de Conservación de Puerto Rico, discrepó.

“Somos el patio de juegos fiscal para los ricos”, dijo. “Somos el caso de prueba para cualquiera que quiera experimentar. Los fuereños obtienen exenciones fiscales mientras que los lugareños no consiguen permisos”.

Lopez dijo que el territorio necesitaba algo para arrancar la economía. “Tenemos que encontrar una nueva manera”, dijo.

“Seguro, el bitcóin, ¿por qué no?”, dijo Satz, dándose por rendida.

Lopez dijo que él y un amigo de la infancia, Rafael Perez, de 31 años, estaban tratando de establecer una mina de bitcoines en su pueblo natal. Sin embargo, la electricidad no funciona de manera constante, y minar tan solo un bitcóin requiere mucha electricidad, señaló.

 

The New York Times 2018

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