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Los arqueólogos del Derecho

Por Guarino Cruz

En el seminario internacional “Participación Política  y Ley de Partidos”, el destacado constitucionalista Nassef Perdomo Cordero resaltó que los juristas entonces debíamos andar con una brochita destapando los polvos de la sentencia, lo que nos llevaría a ser arqueólogo. Esto lo dijo en el contexto de darle respuestas a los que afirman que las primarias simultáneas son inconstitucionales, porque esto último fundamenta sus argumentos en la combinación de la sentencia de la Suprema Corte de Justicia que las declaró inconstitucional y el artículo 277 de la Constitución, que establece que esta sentencia no puede ser examinada por el Tribunal Constitucional. En virtud de sus conclusiones que estaban conforme con sus ideas y la cual nosotros compartimos, él lo que quiso decir, que ni esa sentencia ni ninguna otra se petrifican, y que toda sentencia puede sufrir cambios, pero con una debida motivación del cambio; no utilizar despectivamente la labor arqueológica de los abogados.

Los juristas ciertamente deben ser arqueólogos del derecho, porque  ante un juez que tiene varias sentencias de un tema, en diferentes sentidos, lo que debe hacer el abogado es buscar las afirmaciones y negaciones, y ubicar los acuerdos y desacuerdos que contactamos en cada una de estas sentencias, y entonces, necesariamente conocerá la verdad de estas sentencias. Se supone que los términos e ideas significan lo mismo en un caso y otro. La certidumbre de proposiciones semejantes depende del acuerdo o del desacuerdo que se contacte en esas sentencias.

En efecto, las decisiones que toma cada juez de acuerdo con su razón peculiar, constituyen las acciones y símbolos de ese tribunal, que deviene en una acción de un órgano estatal, razón por la cual, constituye una acción del Estado, porque los tribunales fallan en nombre de la república.

Además el significado de las decisiones depende del respeto de su razón originaria, y solamente puede ser alterada haciendo una motivación del cambio. Ahora bien, las decisiones que han sido instituidas como realmente honoríficos, debe rendírsele culto, con su reeditación. Cada juez debe buscar el honor en su propia razón. Debido a que, nada impide que cada juez someta su razón a la razón. La judicatura necesita referencia estimulante a la cuales acudir, para homogeneizar y cohesionan sus razones.

Una cosa es admitir una proposición, derivada de la proposición anterior, y otra es cuando las razones que nos llevan a admitir una proposición no deriva de la proposición en sí misma, sino de la persona que la hace. Lo que acabo de exponer muestra la diferencia que hay entre una y otra: una depende de la razón y la proposición anterior, y la otra, de la persona y su voluntad. En este último caso nos parece ora esto, ora aquello, en este caso afinamos o suponemos.

La arqueología jurídica pretende recrear los temas, las reglas, las normas con aquello que las precede, o los sigue, para conocer la identidad de la sentencia, ella procura analizar el ordenamiento, para darle coherencia, pretende reconstruir lo querido, encontrar el obiter dicta de la sentencia, ese núcleo fugitivo  en el que  juez y la sentencia intercambian su identidad. La arqueología no es buscar en el amontonamiento de lo ya dicho en el texto que se asemeja, en virtud de la autoridad del autor, no es aceptar las conclusiones que han llegado otros autores sino comprobar  sus razonamientos que está en su sentencia de lo contrario estará limitándose a creer, la arqueología es escudriñar para descubrir el juego de las anticipaciones o de los ecos remontar hasta las sentencias originales  primera o descender hasta los últimos rastros, poner de relieve sucesivamente a propósito de una sentencia originaria, su fidelidad a la misma.

La descripción arqueológica dice Foucault, en la arqueología del saber, se dirige a esas prácticas discursivas a las que debe referirse los hechos de sucesión, si no se quiere establecerlo de una manera salvaje e ingenua, es decir en términos de méritos… No es establecer la lista de los santos fundadores, es poner al día la regularidad de una práctica discursiva. La arqueología puede así- y este es uno de sus temas principales – constituir el árbol de derivación de un discurso. Dice que está va más allá de las ideas. No es nada más y ninguna otra cosa que una reescritura, es decir, en la forma mantenida de la exterioridad, una trasformación pautada de lo que ha sido y ha escrito. No es la vuelta al secreto mismo del  origen, es la descripción sistemática de un discurso- objeto.

Thomas Hobbes, en el Leviatán, haciendo una labor de arqueólogo dice… Los Escritores políticos suman los pactos o convenios para hallar, cuales son los deberes de los hombres, y los abogados suman leyes y hechos para hallar lo que es justo  y que es lo criminal en las actuaciones de individuos particulares… Porque la razón, en este sentido, no es otra cosa que un calcular, es decir, un sumar y restar las consecuencias de los nombres universales que hemos convenido para marcar y significar nuestro pensamientos… el uso y fin de la razón no es dar con la suma y verdad de una o de unas cuantas consecuencias derivadas remotamente de las primeras definiciones y fijar luego el significado de nombres, si no empezar con esto y proceder luego de una consecuencia a otra. Porque no puede haber certeza de la última conclusión sin que la haya de todas las afirmaciones sobre los que estuvo basadas y de los inferidos. Pag. 45 y 46. Es decir que somos arqueólogos del derecho.

*El autor es abogado

Acerca de Guarino Cruz

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One comment

  1. Excelente análisis , que comparto en todo sus aspectos

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